Arguineguín: el muelle donde renace la esperanza

EGILEA
Ingrid Ortiz Viera
KOMUNIKABIDEA
ARGITAPEN DATA
2026-06-08

El próximo 11 de junio, cuando el papa León XIV pise Arguineguín, recorrerá uno de los escenarios más simbólicos de la migración africana hacia Canarias, un lugar cuya imagen dio la vuelta al mundo cuando las portadas de todos los medios apenas tenían espacio para otro asunto que no fuera la pandemia del covid. Seis años después, sobre lo que se llamó el muelle de la vergüenza se construye piedra a piedra un nuevo espacio que da cabida a la esperanza.La visita del pontífice devuelve ahora al foco internacional no solo el recuerdo de aquella crisis, sino también una realidad que acompaña a las islas desde hace más de tres décadas. Todo comenzó un domingo de agosto de 1994, cuando una pequeña patera con dos ciudadanos saharauis llegó a la playa de Las Salinas del Carmen, en Fuerteventura. Habían partido desde Marruecos y tardaron apenas un día en alcanzar las costas canarias. Aquella embarcación abrió una ruta migratoria que acabaría transformando para siempre la realidad del archipiélago. Nadie imaginaba entonces que Canarias se convertiría en una de las principales puertas de entrada a Europa.Después llegarían la primera gran crisis de los cayucos a principios de siglo, el creciente desafío de la acogida de menores, la aprobación del Pacto Europeo de Migración y Asilo o el reciente protagonismo de La Restinga, en El Hierro, como principal punto de llegada de embarcaciones. Y, entre medias, miles de personas han perdido la vida intentando alcanzar las islas: solo en 2025 se contabilizaron 1.172 en la Ruta Canaria, que acapara el 70% de las muertes en los flujos migratorios hacia España, según los últimos datos publicados por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).Son los últimos datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), con fecha de 2025, que apuntan a que el archipiélago acapara el 70% de las muertes en los flujos migratorios hacia España.Sin embargo, ningún episodio ha reflejado con tanta crudeza la complejidad del fenómeno como lo ocurrido en el «muelle de la vergüenza». Mientras las embarcaciones seguían llegando al sur de Gran Canaria, las restricciones sanitarias dificultaban los traslados a la península y paralizaban gran parte de las repatriaciones. En Arguineguín se improvisó un recinto de acogida con algunas carpas y un número limitado de servicios básicos. Unas instalaciones pensadas para atender llegadas puntuales pero no una emergencia humanitaria de semejante magnitud.¿El resultado? Allí confluyeron la desesperación de quienes habían arriesgado la vida para alcanzar Europa, las limitaciones de las administraciones para responder a una situación inédita y la labor de cientos de profesionales y voluntarios que trataron de garantizar una atención digna en circunstancias extraordinarias.«Fue un momento muy complicado. Cruz Roja tuvo que reinventarse», recuerda José Antonio Rodríguez Verona, responsable en Canarias de los equipos de la organización encargados de la primera atención a las personas rescatadas en el mar. «Ese apelativo por el que todo el mundo lo conoce, el 'vergüenza', a mí no me gusta usarlo. Ahora se está poniendo en el debate público la dura realidad de las personas que durante estos años hemos ayudado y somos conscientes de que debemos estar constantemente preparados para lo que pueda pasar».«Paralelamente al debate público, las rutas evolucionan y siempre tenemos que estar preparados»Rodríguez Verona lleva tres décadas trabajando en la atención a migrantes recién llegados. Ha visto cambiar las rutas, los perfiles y las dimensiones del fenómeno, pero reconoce que lo vivido en Arguineguín supuso un desafío sin precedentes. La presión obligó a las administraciones a reaccionar de forma acelerada, habilitando campamentos, centros de acogida y nuevos dispositivos para evitar que una situación similar volviera a repetirse.Las imágenes de aquellos mesesç marcaron un antes y un después: el sistema de acogida ganó capacidad, se reforzaron los protocolos y se habilitaron nuevos recursos para responder con mayor rapidez a futuras emergencias. Sin embargo, muchas de las cuestiones de fondo siguen abiertas, desde la gestión de los menores migrantes hasta la coordinación entre administraciones o el reparto de responsabilidades dentro de la Unión Europea.Precisamente por eso, la elección de Arguineguín no se interpreta únicamente como una parada protocolaria en la agenda del papa. El Vaticano ha querido situar la cuestión migratoria en el centro de una visita que tendrá una enorme repercusión simbólica. Arguineguín representa el momento en que Europa fue obligada a mirar hacia el Atlántico y reconocer la dimensión de un fenómeno que sigue afectando a varios países al sur de su frontera.«Creo que se trata de un gesto muy significativo de reconocimiento y a favor de los derechos humanos»Juan Carlos Lorenzo, coordinador territorial de CEAR en Canarias, considera que ese es el valor real de la visita. A su juicio, la presencia del papa servirá para recordar que detrás de cada cifra hay una historia. «Es un mensaje de respeto, de protección y de reconocimiento de la dignidad humana», sostiene. Un mensaje que, según explica, conecta con la defensa de los derechos fundamentales de las personas migrantes independientemente de su origen o situación administrativa.La alcaldesa de Mogán, Onalia Bueno, también cree que el gesto trasciende lo religioso. Recuerda que el municipio soportó una presión enorme durante aquellos meses y que la llegada del papa supone un reconocimiento a quienes estuvieron en primera línea.Por otro lado, considera que debe servir para recordar la responsabilidad del Estado en la gestión migratoria y evitar errores del pasado. «Las crisis migratorias son cíclicas y volverán a producirse. Ahora estamos mejor preparados, pero es importante que no se abandonen las infraestructuras que costó tanto esfuerzo levantar, como ya se hizo en el pasado, porque no sabemos cuándo llegará una nueva emergencia», advierte.Pese a ello, ni Bueno ni Lorenzo esperan consecuencias inmediatas en las políticas. Ambos coinciden en que el principal impacto será volver a colocar la realidad migratoria canaria en el centro del debate público y de la atención internacional.

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